Abrazar La Vida


Mi nombre es Natalia. Les escribo para contarles mi historia. Antes que nada, me gustaría aclararles que hace relativamente poco que empecé a contar, más allá de mi círculo cercano, mi experiencia. Hoy considero que es esencial contarlo, porque nunca se sabe a quién le puede resonar, ayudar, reconfortar, el hecho de oír a alguien que ya pasó "por eso".

Soy de Neuquén capital, tenía 20 años y estaba empezando mi segundo año de la carrera de derecho en la UBA. Ese 2004 lo arranqué mudándome con mi mejor amiga, Azu, a un departamento y también había empezado como meritoria en un Juzgado Comercial.

Llegó Semana Santa, y me fui a Neuquén para emprender un viaje a San Martín de los Andes junto a mi mamá, mi papá y mis hermanos más chicos (Ludmila y Juan). ME SENTÍA BÁRBARO. Lo único que alteraba mi estado "normal" de salud era un ataque de caspa (literal) que me había salido y que no le encontraba explicación. El último día en San Martín, salgo de ducharme y cuando me miro al espejo noto un nódulo en el cuello.


Volvimos a Neuquén, me vio en su casa mi pediatra de toda la vida, el Dr. Juan Menzella, y automáticamente me mandó a hacer una batería de estudios. Ya no volví a Buenos Aires a seguir con la facu. Todo se detuvo ahí, en el momento en que me vi al espejo en San Martín. El nódulo en el cuello era chico, pero cuando me hicieron mi primera placa de tórax, ahí estaba lo preocupante: una masa en el mediastino de 15 cm de diámetro (si mal no recuerdo). Lo que sí me acuerdo bien fueron los ojos llenos de lágrimas de una de las técnicas que me hizo la placa.

Fueron 15 días de estudios, entre ellos una biopsia. La incertidumbre de esos días no se la deseo a nadie. Creo que lo más difícil de estas cosas es transitar la incertidumbre. Sin saber aún qué tenía y pese a tener obra social, decidí atenderme en el Hospital Público Castro Rendón de la Ciudad de Neuquén. Ahí, en ese hospital, el médico clínico de la familia, el Dr. César Dell Ali, fue quien se encargó de darnos el resultado de la biopsia y de decirme: Es un linfoma de hodgkin, SE CURA. Hasta ese momento no tenía la menor idea de lo que era un linfoma.

Y así fue como empecé mi camino de curación. Me atendió durante todo el tratamiento la hematóloga Alejandra Kurchan. Ale aguantó todos mis enojos, mis planteos, mis caprichos... porque me descargué con ella más de una vez. En mayo de 2004 empecé un tratamiento de quimioterapia que duró prácticamente hasta fin de año, para luego hacerme rayos.

Siempre tuve el pelo largo, con rulos. Mi pelo siempre fue una parte característica de mi. Perderlo fue durísimo. Primero me lo fui cortando de a poco, hasta que realmente se hizo insostenible y me tuve que rapar. Me acuerdo el día que me rapó mi papá y mi hermano cargándome me decía "Zinedine" por Zidane el jugador de fútbol. Sí, el humor y el amor de mi familia fueron mi otro tratamiento. Quise comprarme una peluca, porque sentía que no iba a poder con eso. Mis papás me compraron la que quise, parecida a mi pelo. La usé una vez y nunca más. Ahí quedó, años, para hacer bromas al respecto. Siempre fui muy coqueta, así que me llené de pañuelos para combinarlos con toda la ropa que tenía y así aprendí a transcurrir ese año sin mi preciado pelo.

Este 2020 de encierro me hizo acordar mucho a mi 2004. Después de cada quimio hacía neutropenias, porque a mi médula le costaba mucho recuperarse. Eso implicaba quedarme prácticamente sin glóbulos blancos, y me tenía que cuidar mucho de no contraer ningún tipo de infección. Y como me había jurado no atravesar ninguna internación, me encerraba hasta que la médula se recuperaba (inyecciones de por medio).

El tratamiento fue duro, no es fácil sobrellevarlo. El cuerpo muta. Pero siempre pensé que era mi arma para combatir a la enfermedad. Antes de ir a cada quimio, mi papá me decía: "A triunfar", y sí... estaba en ese camino. Y en ese camino es importante rodearse de amor. Si me preguntan hoy, ¿qué me curó? Digo, la QUIMIIO, los RAYOS y el AMOR. De mi mamá y de mi papá (mis gigantes, mi todo, que guardaron el miedo en el bolsillo y fueron mis soldados), de Luli y de Juan (que ese año era súper importante para ellos porque terminaban el secundario y la primaria respectivamente, y se vieron envueltos en toda esta nueva realidad familiar), de mi abuela Pura que viajó desde Buenos Aires para acompañarnos todo el año (era mi perro guardían ;) ), del resto de mi familia, de mis amigas adoradas, y de mis médicos: Juan, porque fue el primero que me vio y actuó con una celeridad increíble, César y Alejandra (a ellos, que me acompañaron todo el tratamiento les debo la vida) y a Daniel Crescenti, que con su tratamiento homeopático me acompañó todo ese 2004 y hasta 5 años después (gran ser humano también).

En Febrero de 2005, ya estaba de vuelta en Buenos Aires. Terminé mi carrera de abogada en el 2008 y en el 2009 me fui a España a hacer mi Maestría en Propiedad Intelectual. Viajé, estudié teatro, tuve mi propia obrita de teatro en la calle Corrientes (jaja, qué tul?), bailé flamenco, me enamoré y desenamoré varias veces, volví a reírme fuerte y a llorar por cosas intrascendentes, volví a llorar fuerte por nuevos golpes que me dio la vida (como despedir a mi abuela y a mi papá), formé junto a Azu y Fede (mis socios) el estudio jurídico que siempre quise tener y soy una apasionada de mi profesión. Pasaron más de 16 años de mi diagnóstico. Siempre digo, en 2004 me curé pero aún hoy sigo sanando. Tomé la experiencia que me dio la vida, y aún hoy sigo aprendiendo de ella. No cambio nada de lo vivido. Hoy agradezco haber pasado por eso, me hizo fuerte y me hizo ver y cambiar cosas que de otro modo no lo hubiera logrado. La primera foto, es la única que tengo sin pelo, con mi cara de nena, con los granitos propios de la edad, La tengo guardada en una Código Comercial del año 2004 (casualmente). Agradezco a mis médicos, a la Salud Pública, a mi familia, a mis amigas, a la gente con la que me crucé en el camino, a las distintas psicólogas que me acompañaron desde entonces hasta el día de hoy, pero sobre todo, le agradezco a mi yo de esa foto. Por la valentía y por la decisión de dar pelea, de querer cumplir todos los sueños que después cumplí y los que aún me quedan por cumplir. Porque en definitiva, de eso se trata, de Abrazar La Vida.

La última foto, la que les mandé para la campaña del año pasado.

Espero sirva, llegue y que día a día, seamos más los que podamos superar esta enfermedad.


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