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El testimonio de Raúl Segovia
 
Invitamos a todos aquellos que nos quieran hacer llegar su testimonio como lo hizo Raúl Segovia a enviarnos un mail a info@linfomasargentina.org.
 
     
   
     
  Tengo 55 años. En el 2006 me diagnosticaron Linfoma No Hodgkin indolente, que, a pesar de estar alojado en mi cuerpo, no me impedía vivir normalmente, al punto de no tener que hacer ningún tratamiento especial para dicho mal. No obstante, en abril de 2006 ese enemigo silencioso se hizo notar y en forma muy agresiva despertó. Sin deseo de abrumarlos con mi enfermedad y para sintetizar lo ocurrido,
en agosto fui sometido a un trasplante de médula, única esperanza de vida. Fui muy afortunado. Pude salir, pude enfrentar la batalla que la vida me planteó. Tuve excelentes médicos, la ciencia y las drogas puestas a mi servicio, como la atención de Fundaleu, el nivel humano del personal y fundamentalmente de las enfermeras profesionales.

Luego de un tiempo, descubrí de a poco el coraje y la decisión de enfrentar todo lo desconocido, que fui descubriendo a lo largo de mi enfermedad, porque después de todo…¡de vivir se trata!, desafiando a la vida misma.

Seguidamente del trasplante, salí de la internación a fines de agosto, y casi como un desafío a la vida misma, a los seis meses exactos, decidí subir a Plaza Francia, en el Aconcagua.
Muy poca gente de mi entorno íntimo lo supo y cuando lo supieron nadie pudo detenerme. Todos horrorizados, pensaron que había enloquecido. Para esa fecha mi capacidad física era deficiente. Al momento del alta de internación no podía caminar, no tenía sensibilidad en mis pies, sentía un hormigueo constante en ellos, la debilidad de mi organismo por las bajas defensas y las drogas experimentadas provocaban en mí algo peor que la enfermedad en sí misma. Nadie podía suponer que en silencio yo comenzaba mi camino hacia la recuperación. A partir de allí, comencé a fortalecer mi masa muscular a través de bicicleta, natación y pesas.



Les cuento que el guía que me tocó en suerte, se enteró de
mi enfermedad el día que bajamos de la montaña cuando
emocionado le agradecí su pericia. No quise que se me diera
un trato diferente, quería ser protagonista de mi propia historia.

No demasiado satisfecho con lo que hasta allí había logrado, decidí ir por más. Al mes del Aconcagua, fui por el Lanín.



Mi médico de cabecera, el Dr. Miguel Pavlovsky, se sintió orgulloso de mis progresos y proezas. Participé en el certamen internacional “Reconstruyendo Vidas” del Grupo Roche, en el que participan enfermos recuperados, como inspiración para aquellos pacientes que todavía se encuentran en tratamiento, logrando salir finalista en este concurso.

En diciembre de 2007 decidí desafiarme nuevamente e ir por la cima del Aconcagua. Mis compañeros de aventura fueron Maria Ángeles “La Malagueña”, Marcos, un joven abogado ingles, y el Coló Corradini, nuestro guía de alta montaña. Vivimos con intensidad cada paso que hacíamos, pasamos año nuevo y estuvimos más de una semana en la montaña. El primer día de 2008 sabía que estaba preparado físicamente, presión y oxigenación necesarias para llegar a la cima. Mentalmente ya estaba en ella, sentía tanta felicidad y sin embargo faltaba lo más difícil. Decidí llegar hasta Nido de Cóndores, a 5500 metros de altura y terminar mi ascensión. Y a partir de allí disfrute esa subida de 1300 metros en el día. Fue agotador pero encontré la alegría, sentirme pleno, vivir, sentir.

Esos 5500mts fueron una hermosa medida para buscar felicidad. Los había subido y quería gozarlos. Me costaba bajar y desprenderme. Sabía que había encontrado algo. Un lugar. Una vida. Volver.

Inspirándome en el libro “Elogio de la desmesura”, de Luis Jait, seguí paso a paso sus REGLAS. Afortunadamente, logré ponerme en contacto con el autor, quien me dijo algo muy cierto, que me atrevo a citar: “qué bueno esto del linfoma. Te liberó de atender tonterías y te hizo especialista en vos mismo”.

Solo quiero con esto que “el hombre sepa que nada es imposible” que sólo se trata de sobrevivir e intentar morir nuevamente, cuando uno quiera.
 
     
     
 
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