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Día Mundial del Linfoma - 2010
 
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 1- Patalla Completa)
 
     
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 2- Patalla Completa)
 
     
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 3- Patalla Completa)
 
     
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 4- Patalla Completa)
 
     
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 5- Patalla Completa)
 
     
     
   
 
Dia Mundial del Linfoma  15 de Septiembre 2010 (Video 6- Patalla Completa)
 
     
 
 
EDITORIAL - Estrategias de Adaptación
 
La autoestima y la esperanza les protegen del malestar psicológico.
 
Madrid (España).- Están fabricados de una 'pasta' especial. Los niños afrontan mejor que muchos adultos la enfermedad y su tratamiento, aunque se trate de una patología tan dura como el cáncer. Así lo demuestra un nuevo estudio español realizado con pacientes de los hospitales madrileños Niño Jesús y Gregorio Marañón.

Carmen Bragado, de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y autora principal de la investigación, reconoce a elmundo.es que "los menores con cáncer saben muy bien que están enfermos y son conscientes de que gozan de menos salud, flexibilidad y resistencia física que sus iguales sanos. Sin embargo, todo esto no parece afectar al concepto físico que tienen de sí mismos, ni a su autoestima".

Cada año se registran en nuestro país unos 850 casos nuevos de cáncer en niños menores de 15 años, es decir en uno por cada 7.000 habitantes. Los avances en el diagnóstico precoz y en los tratamientos han aumentando considerablemente las tasas de supervivencia de estos enfermos. No obstante, los afectados deben aprenden a convivir con la angustia de las revisiones periódicas, con las posibilidades de sufrir una recaída y con las consecuencias físicas de las terapias. Pero nada de todo ésto hace mella en su buen ánimo.

En la investigación madrileña han participado 120 chicos y chicas de 9 a 16 años, distribuidos en dos grupos. Uno de ellos se formó con 30 menores enfermos, diagnosticados de cáncer entre seis meses y un año antes del estudio, que estaban hospitalizados para recibir quimioterapia en el momento de iniciarse el estudio. El grupo control se formó con 30 estudiantes, sin historial de la enfermedad, pertenecientes a dos colegios públicos de la capital.

Tras realizar varios cuestionarios, sobre autoestima, depresión y ansiedad los autores constataron "que los niños con cáncer en tratamiento activo no tienen más niveles de depresión y ansiedad, ni tampoco una autoestima más baja que los que están sanos. Este resultado, aunque parezca difícil de creer, no es nuevo. Otros muchos estudios previos han aportado hallazgos similares", insiste la psicóloga de Madrid, cuyo trabajo se ha publicado en la revista 'Psicothema'.

Totalmente de acuerdo con estos resultados se muestra Rosa García, psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en la Unidad de Hematología del Hospital 12 de Octubre de Madrid. "Hay muchos factores que intervienen a favor de que los niños enfermos no tengan más depresión o ansiedad que los sanos. Los recursos sociales, como los amigos, los familiares y hasta el propio colegio influyen en su adaptación a la situación. También es importante que continúe con su vida cotidiana. La enfermedad debe incorporarse a la rutina de la familia y no al revés: paralizar todo por ella".

 
El optimismo, la clave
 

Lo primero que vendrá a las mentes de muchos de los que lean estas conclusiones es que "los pequeños no son conscientes de los que significa padecer una enfermedad como el cáncer y por ello no sufren alteraciones psicológicas en mayor medida que otros niños de su edad sin patología. Sin embargo, nuestros datos no apoyan esta teoría. Sí es cierto que, aunque no se sienten más deprimidos, padecen más ansiedad situacional, lo que parece normal dado que los datos fueron escogidos en el contexto hospitalario, cuando iban a recibir la terapia", destaca Carmen Bragado.

Los mecanismos empleados para esta aclimatación a la adversidad "son las estrategias de adaptación positivas para hacer frente a la enfermedad. Se considera que esta capacidad para afrontar situaciones adversas y traumáticas con poco desgaste es algo natural en el ser humano, porque la mayoría es capaz de resistir y rehacerse cuando se enfrenta a este tipo de experiencias", agrega.

Al igual que los más pequeños, muchos adultos [se han encontrado resultados similares en pacientes oncológicos y en afectados por otras patologías como la insuficiencia renal crónica] sobrellevan su dolencia con optimismo y sin ceder a la depresión. Detrás de este bienestar psicológico se asocian factores como "la confianza, la esperanza, la capacidad para solucionar problemas y la autoestima. Mantener esta última se considera crucial para sentirse bien psíquicamente. De hecho, una buena autoestima actúa como factor de protección frente a la depresión", comenta la doctora Bragado.

Pensando en un futuro, los investigadores de la Complutense recuerdan que "en sintonía con el nuevo enfoque de la 'psicología positiva', las investigaciones venideras deberían centrar la atención no tanto en la secuelas psicológicas de la enfermedad, sino en las estrategias empleadas por los niños para hacerle frente, en sus fortalezas de carácter y en los factores que pueden ayudarles a manejar el malestar emocional".

 
¿Y si mi padre tiene cáncer?
 

Los niños se adaptan bien cuando se les involucra en el proceso y se les informa.

Rosa García, psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en la Unidad de Hematología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, reconoce que "los padres están solicitando consejo sobre cómo informar a sus hijos de que tienen cáncer. Siempre les digo que los niños son bajitos pero tienen oídos, ojos... Hay que contarles la verdad, porque si no su fantasía vuela y acaban creyendo historias muy alejadas de la realidad".

A la franqueza hay que sumar la cercanía. "Algunos progenitores deciden dejar a sus hijos con familiares mientras dura el tratamiento para que estén mejor atendidos y no sufran. Pero padecen y, además, en la distancia", agrega.

El momento idóneo para comunicar a los más pequeños de la casa la noticia es "desde que se obtiene el diagnóstico. Es cierto que durante las pruebas que conducen al dictamen final, los niños pueden percibir que está sucediendo algo anormal. Explicar porqué se están realizando esos chequeos también puede ser útil. Se trata, en definitiva, de comunicar las cosas con medida. No hace falta que se den todos los detalles, pero tampoco hay que quedarse corto. Y todo con mucha naturalidad y sencillez", puntualiza Rosa García.

 
A cada edad un mensaje
 

El mensaje difiere según el pequeño va creciendo. Así entre los dos y los seis años perciben que "algo malo está sucediendo en casa". Hay que comunicarles que se trata de una enfermedad que "requiere recibir un tratamiento y pasar días fuera de casa en el hospital. Es importante, también, preguntarle sobre lo que piensan y lo que sienten", aconseja la AECC.

Cuanto más mayores sean los vástagos, más explicaciones detalladas deden compartir los padres con ellos. Y siempre hay que responder a sus dudas. Es importante también que las emociones no se oculten. Hay que explicarles que no pasa nada por llorar en momentos determinados y que este hecho no significa que las cosas hayan empeorado.

Si la comunicación no falla, si se implica al pequeño en el proceso, los "niños se adaptarán bien a la enfermedad de los padres.

 
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